Planificar en estos tiempos de incertidumbre y volatilidad se hace más complejo y muchas veces tendemos a enfocar nuestra energía en expectativas cuya realización no depende de nosotros. Son hechos completamente inciertos. Por ejemplo: en seis meses esperamos un tanto por cierto de incremento en la facturación con respecto al año pasado.

Establecer este tipo de objetivo puede generar frustraciones porque su realización depende de muchos factores externos a la organización. Una interrupción en la cadena de suministro podría generar demoras en la producción, entrega y una disminución en la satisfacción de los clientes si esa contingencia no se gestiona adecuadamente.

Incluso podría darse el caso contrario: que el objetivo se cumpla por un hecho completamente aleatorio y que no tenga relación con la capacidad de la empresa de generar nuevo negocio. Por ejemplo, que nuestros principales competidores no tengan capacidad de prestar servicios en nuestra zona por haber reducido su personal. 

Sólo con la expectativa no es suficiente. No podemos depender del azar.

En un contexto VUCA es necesario establecer propósitos ya que estos nos impulsan a la acción y nos centran en aquello que sí podemos controlar. Además nos permiten evaluar diariamente si las acciones necesarias para alcanzar nuestros objetivos están siendo realizadas y lo que es más importante: podemos medir de manera inmediata si las acciones están funcionando sin tener que esperar hasta que llegue el día que nos hemos fijado para evaluar el objetivo.

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